Sala para el Departamento de Arquitectura

La nueva Sala B-22 del Departamento de Arquitectura en el Campus San Joaquín representa un hito académico y arquitectónico para la USM

Sala para el Departamento de Arquitectura

Su creación responde al Acuerdo de Proyecto Académico (APA) que formaliza la apertura de la carrera de Arquitectura en Santiago, y que contempla la habilitación de espacios progresivos destinados al desa¬rrollo de los distintos niveles formativos.

Nueva sala para el Departamento de Arquitectura

Arquitectura que enseña: reciclaje, identidad y sustentabilidad

La nueva Sala B-22 del Departamento de Arquitectura en el Campus San Joaquín representa un hito académico y arquitectónico para la USM. Su creación responde al Acuerdo de Proyecto Académico (APA) que formaliza la apertura de la carrera de Arquitectura en Santiago, y que contempla la habilitación de espacios progresivos destinados al desa­rrollo de los distintos niveles formativos.

Lejos de una construcción nueva, el proyecto encarna el concepto de “reciclaje del reciclaje”, al reutilizar parte del antiguo galpón de la ex fábrica Otto Kraus, un espacio que ya había sido adaptado en 2009. Dentro de esta gran nave industrial, la Sala B-22 se suma a las etapas previas que incluyeron las Salas B-21 y B-23, conformando un conjunto de más de 1.200 m² distribuidos en distintos talleres, laboratorios y salas de trabajo.

Ubicada en el corazón del Edificio B del Campus San Joaquín, la Sala B-22 se vincula directamente con la Plaza Central del campus, abriéndose hacia ella como una extensión natural de los talleres. Esta condición permite que el espacio interior dialogue con la vida cotidiana del campus, favoreciendo la circulación, la transparencia y el encuentro entre estudiantes, académicos ,docentes y la comunidad universitaria que habita la plaza.

“Lo interesante de este proyecto es que todo el diseño se pensó desde la expe­riencia del estudiante de primer año: cómo habita el taller, cómo circula, cómo aprende del mismo espacio”.

El nuevo recinto combina flexibilidad, luminosidad natural y sustentabilidad. Los pasillos de circulación funcionan también como espacios de aprendizaje, con muros de vidrio naranjo que sirven como pizarras, permitiendo ampliar el aula e integrar la exposición y la práctica. La iluminación natural se incorpora mediante láminas traslúcidas que reducen el consumo energético, mientras que los materiales se mantienen en su condición original —hormigón pulido, acero, vidrio y madera— para reforzar la honestidad constructiva y la identidad del departamento.

La Sala B-22 no solo completa el circuito académico del taller de primer año, sino que también se convierte en un ejemplo tangible de arquitectura educati­va sostenible, donde el espacio mismo se transforma en una herramienta pe­dagógica